viernes, 25 de febrero de 2011

Bendita rutina

Era una familia unida, el padre se levantaba a las cinco, se desayunaba, se aseaba y cuando salía hacia la fábrica despertaba a su mujer, ella se ponía en funcionamiento con una buena cafetera, despertaba a sus dos hijos, les ayudaba con el desayuno y les acompañaba a la puerta del colegio, allí podía ver a algunas mamás pudientes, ellas llevaban sus botas de piel, leotardos y faldas ajustadas bajo un buen abrigo, gafas de sol y sostenían en los labios un cigarrillo nervioso mientras parloteaban del último dislate de Sálvame, ellas se irían camino de la cafetería del Centro Comercial y ella se iría rumbo a casa donde le esperaba zafarrancho en la cocina y por si se aburría una pila de ropa para lavar y planchar.
Los chicos comían en el colegio, gracias a una ridícula beca que cualquier día desaparecería, ella en cambio preparaba con esmero una comida frugal, con más grasas y pan de lo recomendable, esperando ansiosa el paso de las horas para repetir la costumbre que mantenían desde veinte años atrás, cuando su marido llegara colgaba la cazadora en la percha, la besaba como la primera vez y se lavaba las manos para sentarse a su lado a deleitarse con el plato. Le costaba menos comérselo que servirlo. Este ritual se repetía siempre, pues cuando él cambiaba el turno e iba de tardes, comían a mediodía, después de pasar juntos la mañana, en la que él le ayudaba en lo que podía. Nunca fue un hombre de bares ni amigotes, sólo familia, algún amigo de la mili y muy casero. Austero, con pocos lujos. Era una rutina y bendita rutina.
Todo fue bien hasta que un día el padre llegó cabizbajo. No se había percatado que ya sumaba años y de repente cuando el menos lo esperaba, cuando pensaba que el puesto de capataz por fin le correspondería, cuando pensaba que era para ofrecérselo, le llamaron de "arriba". Las cosas "iban mal", "no se vendía", posiblemente haremos un ERE le había comentado el del sindicato, él siempre tan puesto, para eso se ausentaba frecuentemente para hacer cursos.
Era una putada. Al año que viene terminaba de pagar la hipoteca, ya había hecho planes para ese dinero que sobraba. El baño del piso (el único) todavía lucía azulejos con grecas de los setenta. La cocina ya tenía un par de fuegos que no funcionaban y el calentador de gas era ya una bomba de relojería...Por no hablar del R21 del abuelo que ya parecía una cafetera. O los estudios de la niña, que tenía cabeza y quería ir a la universidad.
Tiene Vd. ya cincuenta y cinco, una edad muy buena para jubilarse, le había dicho el Jefe de Personal. Es el momento de desarrollarse en otras áreas, crear su propio negocio, descansar, darse unas buenas vacaciones. Tu puñetera madre se va dar unas vacaciones.
No tenía ahorros, no había podido ahorrar, toda la vida pagando la casa, toda la vida pagando los impuestos, la contribución, la luz, el agua, el teléfono-...conforme  ingresaban los cochinos mil cincuenta euros de su sueldo iban directamente a pagar recibos y más recibos. Vivían de eso. Su mujer nunca encontró trabajo desde que la habían echado donde trabajaba de secretaria en su primer trabajo. Un hijo, un descuido, otro. Y la casa. Y la casa. Y....tuvo que renunciar a trabajar. Se ajustaron con el sueldo de él.
Pero ahora había crisis, todo había subido menos los sueldos y claro, era el peor momento para quedarse en paro. Para "reconducir capacidades" como decía el tío de personal. Él sabía lo que iba a pasar: contratarían a otro sin idea alguna de cómo hacer el trabajo, pero ganando la mitad. Eso si no era cierto lo de que las cosas iban mal y se iban todos a la calle.
¿Qué había hecho mal? ¿Por qué no podía seguir haciendo su trabajo? Una depresión le sumía en la desesperación. Ya no era el mismo. Se pasaba el tiempo gruñendo desde el sillón mientras bebía cervezas y hacía zapping, por que lo que es ver la tele no veía nada. Todo era mentira. Le habían vendido una mentira.

El diputado Rodrigo estaba jugando con la llavecita. Sonaba ya por los pasillos el timbre que llamaba a votar. ¿Qué iban a votar hoy? Ah, ni idea. Ahí estaba el jefe de grupo, para señalarles con la mano qué votar. Bueno, podía usar el Ipad que tenía encima del escritorio del escaño para ver el órden del día. Pero qué más daba, seguro que era una ley importante para el pueblo. Sonó la melodía de su Iphone, una de Shakira, moderno que es uno. -¿Diga? -Ah, sí, si lo necesito ya. Muy bien. Que alegría, el Lexuus que había pedido en color rojo rubí ya estaba en el concesionario. Tenía que preparar un viaje para conducirlo y probarlo, lo que todavía no tenía decidido era si haría el viaje con Isabel y los niños o con Izaskun. Izaskun era un vasca de toma pan y moja. Menuda tía. Un metro ochenta de mujer. Inacabable. La había conocido en una performance artística de esas modernas a las que les invitaban, muy liberal se sintió encantada de ver que él no la tomaba en serio y que para él era sólo un caprichete. ¿Lo era?. Al final el jefe de filas les hizo la señal y empezaron a votar, girando la llavecita. Era el momento más importante de cada sesión y la razón de ser de que él estuviera allí, ya que el resto del tiempo entre unas cosas y otras no le quedaba mucho tiempo. Eran tiempos de partido, había que "hacer opinión" que decía el Presidente. Mítines, entrevistas, comisiones, era trabajo de técnicos, los mil y un técnicos de gabinetes jurídicos de gente del partido que elaboraba las leyes y se llevaba jugosos honorarios, que pagaba...¿Quién los pagaba? ¡Qué más da! ya lo dijo una ministra "El dinero público no es de nadie". Queda aprobada la ley de Reforma del Mercado Laboral. Menudo rollo, toca aplaudir, qué ganas tengo de irme, el diputado Rodrigo sólo tenía ojos para Izaskun.

Un obrero, cien obreros, mil obreros... han visto en el noticiero de televisión las imágenes de los diputados dándose abrazos y sonrisas. Pocos creen que son besos y abrazos de Judas y ninguno piensa que le tocará a él, más pronto que tarde ser uno más en el parque, hablando de sus cuitas, en pequeños corros, donde para consolarse dirán mira aquéllos son del astillero y esos de la conservera...

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