martes, 1 de marzo de 2011

Realpolitik

Muammar al-Gaddafi en 2009
Maquiavelo en su "Principe" decía que la única preocupación de un príncipe debería ser la de buscar y retener el poder, sin importar consideraciones éticas o religiosas. El término realpolitik fue acuñado por Otto Von Bismarck en referencia a la política a aplicar en centroeuropa frente a la vorágine imperialista de su época. Es una política más basada en el realismo, en lo que conviene, en las necesidades, que en la ortodoxia democrática y política.
Hasta hace pocos años los partidos de Zine El Abidine Ben Alí en Tunez y el de Hosni Mubarak en Egipto pertenecían a la Internacional Socialista. El tunecino dió un golpe de estado a su propio primer ministro en 1987 y ganaba elecciones con porcentajes sonrojantes cercanos al 100%. Se paseaban con los primeros ministros de la Unión Europea y visitaban Suiza con asiduidad para vigilar sus inversiones. Eran amantes del lujo y el estilo hortera que hace furor en Oriente Medio, como ya hiciera Sadam se hacían rodear de oro, joyas, diamantes...mientras su pueblo vivía con lo justo. El egipcio gobernaba hace cuarenta años, su posición estratégica y pactista con Israel venía muy bien a Occidente mientras sus ciudadanos vivían con dos dólares al día. Su fortuna es incalculable.
Le llaman eufemísticamente realpolitik pero se llama hipocresía. Consiste en enmendar la plana mediante el Consejo de Seguridad de la ONU, la Unesco y organizaciones menores como Human Right Watch a países que no cumplen la Declaración de los Derechos Humanos, que no son democráticos o simplemente que aún siéndolo sus gobernantes tienen prácticas contrarias al libre comercio, los derechos humanos o la democracia. Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Venezuela de manera tibia, Corea del Norte de manera muy dura y China a veces sí a veces no según conviene. Es la doble vara de medir. A los países en los que tengo intereses se la aplico muy laxamente, e incluso me fotografío con sus gobernantes y a los países en los que no tengo intereses directos pero quiero tenerlos a ésos me los como con patatas....así de triste.
Así vemos cómo la realpolitik se acaba de repetir con el líder libio Muamar Al-Gaddafi, acusado de atentados por todo Occidente, odiado en su propio país donde mantenía una pantonima, sin más amigos que Cuba, Venezuela o Corea, pero con gas y petróleo, no mucho pero suficiente para ser un país con el que hay que llevarse bien.  Gaddafi sí que es (a la sazón todavía controla un reducto en Trípoli ) un dictador al uso, con culto a su personalidad fruto de una revuelta que derrocó al rey Idris en 1969 se autoproclamó líder nacional y montó un entramado revolucionario, muy al estilo cubano en pleno desierto, prohibió partidos políticos y dijo que la riqueza petrolera iba a explotarse para el pueblo. Olvidado muy pronto el atentado de Lockerville. de diciembre de 1988, donde murieron 270 personas de 21 países y donde quedó probado que dos libios provocaron el atentado, con muchos problemas al principio para su extradicción cuando por fin fueron juzgados uno fue declarado inocente y el otro devuelto a los pocos años de condena vergonzosamente a su país. Libia había conseguido de nuevo el estatus de "amigo" de Occidente. Los líderes de todo el mundo se paseaban con Gaddafi y él por Europa con su haima como si nada. Ayer Reino Unido afirmaba que Gaddafi había movido fondos personales por valor de 3.500 millones de euros. Realpolitik o hipocresía.











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