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| Fábrica con mano de obra intensiva en China |
La globalización desde el punto de vista ecónomico hace que los productos no tengan limitaciones de coste sino que sean producidos donde menos cueste producirlos, por que el comercio y los flujos de inversión harán el resto.
Tras la segunda guerra mundial y los planes de ayuda del gobierno americano a Japón y Corea ya se vislumbraba que la tecnología transferida a las manos niponas y coreanas iban a generar gigantes de la industria y las comunicaciones: Matsuhita Electric (propietaria de National Panasonic), Mitshubishi, JVC, Sony y por el lado coreano Samsung y GoldStar (Más tarde LG) crearon nuevos productos electrónicos con altísimos estándares de calidad, pero nunca fueron un problema: su precio era más o menos el mismo que los de sus homólogos europeos y norteamericanos: Telefunken, Thomson, Philips, RCA, Zenith, GE.
No fue hasta los sesenta cuando los productos japoneses comenzaron a tener una calidad y una tecnología inusitada. Fueron primero los primeros en eliminar las costosas válvulas de sus aparatos, lo que los hizo más ligeros y menos sensibles a golpes y transporte y también supuso el salto que redujo su coste enormemente. Podían venderse igual o un poquito más barato, eran ligeros, eran resistentes eran "100% Solid State" como ya era norma en la industria y segundo apellido de las marcas.
La primera crisis del petróleo con la reestructuración que a nivel energético produjo en Europa y América no pillaba de sorpresa a los gigantes asiáticos: ya tenían productos de poco consumo y gran fiabilidad tanto en la electrónica, como en la industria del automóvil. Por fin empezaron a verse los coches japoneses circulando en las carreteras del país más nacionalista en cuanto a coches se refiere: EE UU. La instalación de fábricas y marcas específicas para ese mercado ( Infiniti, Lexus) y modelos que sólo se vendían allí, hizo el resto.
La progresiva desaparición de aranceles y la aparición de los grandes gigantes económicos ha propiciado esta situación. De repente grandes países han accedido a nuevas tecnologías que les han permitido fabricar lo mismo más barato. Ninguno de los "gadgets" estrella del Siglo XXI se fabrica en el primer mundo: El Iphone, el Ipad, la PS3, la Xbox360...todos se hacen en Foxconn, una fábrica de componentes domiciliada en Taiwan, pero localizada en la zona económica cercana a Hong Kong en la República Popular China. No obstante esto sólo sería un ejemplo de enorme flujo de capital para China y Taiwan, pero no de globalización en sentido estricto. Foxconn fabrica bajo directrices de sus clientes productos a la medida, pero no aporta ni crea valor en los productos más allá de su producción a precio barato.
La ética que puede tener la actividad de desplazar fases de producción a terceros países ha sido obviada por todas las empresas en aras de su beneficio. A estas fábricas no se les exige las medidas de seguridad, salud y empleo que se exigen en el primer mundo. Tampoco sus trabajadores gozan de las ventajas sociales del primer mundo: sindicación, horarios, flexibilidad, formación...
La globalización ha hecho fábricas del mundo a dos países con culturas distintas y gobiernos distintos: el férreo régimen chino y la democracia más poblada: India. Son los países que se han beneficiado más en los últimos años de la globalización, para el resto de países subdesarrollados y en vías de desarrollo ha sido más bien una carrera de obstáculos, no es posible ganar a competidores que llevan años compitiendo. No es posible ganar partiendo de distintas bases.
Los grandes fabricantes de la globalización también tienen necesidades: sus enormes poblaciones van necesitando cada vez más productos que antes no demandaban, el nivel de renta sube inexorablemente para una población que obtiene mucha más ganancia (aunque siga siendo insuficiente a los niveles de Occidente) en la ciudad que en el campo. En la ciudad hacinados en enormes barrios cerrados (futons) construyen su futuro trabajando de sol a sol. No conocen la crisis, relativamente. La mayoría de bienes de consumo que producen pueden satisfacer la creciente demanda interna si la demanda externa se estanca, recordemos que las fábricas están en China, pero sus dueños no son sólo las compañías occidentales. Todo negocio en territorio chino pasa por ser una joint venture (una unión de empresas con capital chino del estado y de la multinacional que aporta el saber-hacer). Que no se les olvide a las compañías occidentales. En realidad es la vuelta del modelo multinacional, pero centrado en un sólo país y con la variante de que la propiedad de la industria es conjunta, con lo que ello conlleva de transferencia tecnológica.
¿Y qué pasará a largo plazo? Si no hay una explosión social en demanda de derechos civiles que dificulte el frágil equilibrio actual puede ocurrir que China acabe siendo una potencia capitalista e incluso democrática. Esto la haría tener unos costes laborales y sociales afines a los de occidente, ya que los recursos no son realmente más baratos en China y por ende, no sería ya tan rentable como factoría mundial. El resto del mundo asistiría a un desabastecimiento global que debería suplir sopenaglobalizadora sólo globalizan la parte del negocio que les interesa, y sólo en países con igualdad de condiciones (aunque menores salarios y facilidades de instalación) que en sus países originarios. Phillips el gigante holandés de la tecnología inventor del compact cassette, la tecnología de discos láser y otras innovaciones, tiene sus centros de I+D en su país natal y pequeñas fábricas de alta tecnología. El resto lo reparte en sus fábricas en más de 60 países y precisamente la línea que tenía en China (TV) acaba de venderla. En el caso de la alemana BMW y de Siemens ocurre lo mismo: sigue ensamblando vehículos en Alemania y en EE UU y vende con éxito en todo el mundo. En España es palmario el caso de Gamesa Eólica. Una empresa líder en el sector, la única con tecnología cien por cien española y que lleva dos años sin vender una sóla turbina en España, centrada en su vertiente de mantenimiento de parques, la fabricación en China de sus turbinas y la presencia en aquél mercado le ha llevado a descuidar (?) su presencia en Europa. En China no se puede entrar sólo y la presencia de Gamesa es participada con empresas (estatales) chinas. Los rumores de su posible compra por parte de ellas son recurrentes-aunque Iberdrola sigue manteniendo un 20% dentro-. La calidad de las nuevas turbinas de Gamesa, fabricadas ya en China frente a las de la danesa Vestas también es puesta en duda por algunos analistas, de hecho se dice que empezó a mirar hacia China por que su calidad tras su inicio de fabricación en China suponía costes de mantenimiento que en Europa no se pueden asumir.
Hemos visto como las empresas que sobreviven a la globalización mantienen su sede en el país, apuestan por la innovación y el desarrollo y no por la competividad fácil. Las francesas y alemanas del automóvil, las grandes industrias de ingeniería y la mayoría de marcas de consumo de centroeuropa. Aunque todo se puede fabricar fuera a menores costes, habría que empezar a pensar en los costes sociales de que nada se fabrique aquí y en el empobrecimiento que esto supone. Tendríamos que volver a acostumbrarnos a pagar los bienes de consumo más caros a cambio de que el empleo se quede aquí.
Hemos visto como las empresas que sobreviven a la globalización mantienen su sede en el país, apuestan por la innovación y el desarrollo y no por la competividad fácil. Las francesas y alemanas del automóvil, las grandes industrias de ingeniería y la mayoría de marcas de consumo de centroeuropa. Aunque todo se puede fabricar fuera a menores costes, habría que empezar a pensar en los costes sociales de que nada se fabrique aquí y en el empobrecimiento que esto supone. Tendríamos que volver a acostumbrarnos a pagar los bienes de consumo más caros a cambio de que el empleo se quede aquí.

