martes, 12 de julio de 2011

De financieros, políticos, empresarios...y "animal spirits"

En la actual crisis muchas discusiones en la red han cargado las tintas contra los financieros: economistas en la cúspide de las más importantes empresas y de los más prestigiosos bancos que han contribuido a que la crisis haya llegado de repente y haya sido más dura. Se ha llegado a decir que la Economía no es una ciencia, se les ha llegado a comparar con iluminados del tarot o de la cartomancia. Se ha dicho que predicen lo que ya ha ocurrido.
Es bien cierto que la Economía como ciencia no tiene los postulados de las demás ciencias, pues como ya dijera Adam Smith en "La Riqueza de las Naciones" de 1776, la economía ha de contar con los "animal spirits", o sea los deseos y voluntades de los actores humanos en la economía, que obviamente no toman decisiones racionales en todo momento. Esto le ha venido como anillo al dedo a ciertos gobiernos que lo han utilizado para culpar a "los mercados", pero que en el fondo lo que destapa es su propia ineficacia a la hora de afrontar los problemas de la economía.
Centrándonos en el dilema que culpa a los financieros de todos los males de la crisis vamos a centrarnos en su origen. El origen de la crisis fruto de la enorme burbuja inmobiliaria norteamericana y de los paquetes de hipotecas "basura" viene marcado por las grandes industrias financieras que se encuentran muy por encima de los bancos y los grupos de presión. Son las que realizan las grandes operaciones y el ejemplo más palmario es la extinta Lehman Brothers. LB empezó con la expansión del mercado del café, el algodón y el negocio ferroviario durante la segunda mitad del siglo XIX...y siguió con los activos reales hasta los años setenta, cuando fundó el más importante banco de inversión norteamericano. Ya tuvo dificultades en los ochenta y por fin en 2007 quebró. La política de invertir en derivados financieros fue su ruina. Pero la ruina no fue causada por los cientos de miles de analistas financieros que trabajaban para la firma. La ruina la causaron sus ejecutivos tal cual el informe del FBI sobre la caída reza accuses top Lehman executives of manipulating Lehman's balance sheet, auditor Ernst & Young of potential malpractice and top regulators of inaction even as the firm failed multiple tests to assess (...se acusa a los ejecutivos de Lehman de manipular el balance, al auditor Ernst & Young de potencial malapráctica y a los reguladores financieros de inacción incluso cuando la firma había suspendido muchos test en sus activos.) W.P. 
Los ejecutivos de Lehman son empresarios y no financieros.
En España la burbuja financiera fue alentada por las constructoras, ávidas de negocio y por los bancos locales (cajas de ahorros) ávidos de dar empleo y trabajo a sus afines y a los caciques locales. Dicho así suena república bananera pero cuando conocemos la forma en que actúan los ayuntamientos y las cajas de ahorro españolas se entiende el por qué han sido los empresarios de la construcción (muchos de ellos advenedizos especuladores) y los políticos metidos a banqueros de las cajas de ahorro los que originaron una crisis que en España se ha unido a la internacional.
Las cajas de ahorro en España tienen una composición política por naturaleza ya que son los gobiernos autonómicos y los ayuntamientos y diputaciones los que controlan el consejo y la comisión de control y después de la modificación del la LORCA por el Tribunal Constitucional, las C.C.A.A. aún tienen un mayor papel en la normativa y control de las cajas. 
Los políticos locales conocen el enorme efecto que para las arcas municipales tiene la "licencia de obras", la "recalificación" y "urbanización" (obliga a donar al municipio un 10% del terreno como servidumbre) y por último el enorme impacto vía Impuesto de Bienes Inmuebles y tasas varias que recaen sobre las viviendas y locales ya construídos, por ello desde las cajas impulsaron una enorme bolsa de vivienda a mayor gloria de los empresarios metidos a constructores locales y de los políticos para lograr dinero para las arcas municipales cuando no para las propias a través de testaferros o incluso negocios gestionados por familiares.

Cuando la crisis aflora es muy fácil mirar para otro lado y echar la culpa a los mercados, cuando han sido los reguladores con su falta de celo, los políticos con su excesiva avaricia y ansia de poder y los empresarios especuladores preocupados únicamente de sus beneficios los causantes de lo ocurrido. También ha ayudado una legislación inflexible, una economía destrozada por la globalización y la moneda única en un área no homogénea, unos sindicatos anclados en la lucha de clases y unas estructura de financiación local caduca. Los mercados son simplemente un reflejo de los actores que intervienen en una subasta libre de oferta y demanda. Si se ofrece algo que puede subir de valor, los mercados responden comprándolo  pero si es algo sin valor alguno, los mercados responden rechazándolo. La actual crisis ha hecho que bienes duraderos caigan de precio, pero no lo suficiente, para que sean atractivos para su compra. Así mismo los bonos del estado que permiten financiar los enormes déficits generados por las infraestructuras inacabadas y los costes de las construídas tampoco resultan atractivos, pues conllevan una prima de riesgo (un sobreprecio por la posibilidad de no ser abonados en un futuro) enorme que los encarece, encarecimiento que al final acaban pagando los mismos de siempre: los ciudadanos con sus impuestos.
Por ello, ni más impuestos a los bancos que al final acaban pagando los impositores ni más impuestos a los ciudadanos para pagar un déficit desaforado: austeridad, buena gestión, priorizar necesidades y menos trato de favor a las empresas amigas, para que sea realmente el mercado y los consumidores vía precios relacionados con los costes en libre competencia los que asuman la asignación de recursos, como corresponde en la economía de mercado, el Estado sólo a proveer aquellas áreas donde el mercado no llega o no es rentable más que socialmente y los políticos creando un entorno democrático creíble y estable mediante una estructura estatal moderna y representativa. Todo esto conllevará la subida de la confianza en nuestra economía y como decía Adam Smith hace doscientos cincuenta años, los "animal spirits" harán el resto.


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